miércoles, agosto 31, 2005

Encu3ntro


Aquella noche no había dormido bien, una mala noticia y ese insufrible dolor de muelas eran los culpables de mis pocas horas de sueño...por eso cuando sonó el despertador no pude más que poner cara de resignación, y pensar: "plof!...un día más a trabajar!".

Así que después de varias carreras por la casa y de acicalarme un poco (no puedo evitar ser un poco coqueto, aunque sea dormido), bajé a coger el autobus...como siempre me senté, y enseguida me vi rodeado de relojes sin sonrisa, de personas de rostro oscuro sin alegría, que iban muy cerca de mí pero que en realidad se encontraban tan lejos...que ni me miraban si chocaban conmigo.
Fueron pasando las paradas y aquello se iba infectando más y más de esos malditos relojes que me entristecen cada mañana, me sentía como la cáscara de una pipa que iba siendo rodeada poco a poco por hormiguitas que pronto le harían desaparecer...ni siquiera la lectura de pasajes de una mente ilusa me conseguían hacer escapar esa mañana...

Pero de súbito, entre un puñado de relojes sin sonrisa, entró ella...tan bonita, tan intrigante, con esa sonrisa tan pícara...no me fijé, pero aseguraría que ella no llevaba reloj.
Cruzamos un par de miradas...quizá fuera coqueteo, no lo se...era demasiado pronto para pensar en esas cosas, a lo mejor solo nos reconocíamos entre tanta desilusión...pero cuando me quisé dar cuenta había bajado del autobus y me encontraba en un vagón de metro (seguramente a proposito) junto a aquella sonrisa...un vagón falto de amabilidad y extremadamente tristón (no se porque, pero el metro me parece mucho más deprimente que el autobus...quizá esos relojes estén más cerca de su hora de alarma y el color gris coloreé el ambiente según se acerca su hora...).
No recuerdo bien (sí, es una constante en esta historia, pero es que como digo...había dormido muy poco) de algún modo ella cayo sobre mi, fue solo un leve tropezón...pero su reacción fue tan espontanea, tan diferente al resto de personas inertes que conformaban aquel vagón, que una sutil sonrisa, y una pequeña carcajada juguetona consiguieron cambiarme la forma de afrontar ese día...

En otra ocasión y en otro lugar aquella sonrisa y yo volvimos a coincidir...y esa noche, el ambiente no era gris...en esa noche aquella sonrisa y yo pintamos el aire con besos de colores...

6 comentarios:

martita dijo...

A veces la vida te da regalos...motivos para sonreir...debajo de su traje oscuro...alrededor de nuestra niebla...en cualquier momento...puede amanecer un arcoiris...Muy bonito Rubén

desintegrado dijo...

YOU ARE A CRACK

Maria dijo...

Nunca sabes cuando, tampoco tienes muy clara la razón, pero de pronto la vida cambia y te da un motivo para ver e imaginar el mundo de una manera diferente, de una manera más agradable...se te echaba de menos,dulce iluso...

Anónimo dijo...

cuando me reconozco por las mañanas con sonrisas así, es un motivo más para dar un poco de sentido a esta basura. sin eso, no sería nadie.
respuestas.

hasta pronto ñañaña

El_Pequeño dijo...

Hacía ya tiempo q no me topaba con las lin3as.Ilusiona reencontrarse con los buenos momentos, a veces es bueno echar de menos...

Desde que marche de la ciudad del reloj, vivo sin él. Aqui todo el mundo tiene una sonrisa para mi por la mañana, y eso me reconforta y protege del frío de la relativa soledad que me acompaña desde entonces.

Pero sabes?! a veces, echo de menos al RELOJ que marcaba cada tiempo de mi vida.Volver a ser ese gran desconocido que viaja con reloj por un oscuro tunel, al tran tran del traqueteo... Y dejar de ser ese chico con sonrisa por todos conocido; aunque sea por día.

Gracias lin3as, gracias Madrid, gracias Moreno por estas ilusiones perdidas!

Euskal Herria dijo...

Casualidad para unos... y destino para otros...
Para mi, casualidad.